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Entrevista a Rafael Álvarez, “El Brujo”

Teresa o el sol por dentro

Lala Franco

Martes 1ro de septiembre de 2015
Publicado en alandar nº320


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El Brujo durante la representación de “De místicos y pícaros”.
Foto. Julen Landa

Rafael Álvarez, “El Brujo”, ha pasado el verano estrenando en los festivales de teatro de toda España su última obra, Teresa o el sol por dentro. Dos horas de mágico monólogo, salpicado de humor, que llevan al espectador a la historia de la santa y a su aventura espiritual: su encuentro con la divinidad, ese “sol por dentro”, en palabras de José María Javierre, de cuya biografía de la santa se reconoce deudor.

¿Por qué un cómico elige hacer una obra sobre Santa Teresa?

Para eso estamos los cómicos; antes se nos contrataba en el Corpus para hacer comedias delante de la catedral; y ahora no se nos contrata pero nosotros llamamos a las puertas del Centenario y no se nos abren… pero estamos ahí, celebrando a la santa.

Ha estado dos años destilando este proyecto. ¿Cómo se prepara uno para “el asalto del castillo interior de Santa Teresa”?

Es una metáfora militar, bélica, antigua, el asalto al castillo, pero ese asalto no se produce: es uno el que es asaltado, lo único que hay que hacer es ponerse receptivo. Entonces, con Santa Teresa de Jesús hay que dejar los prejuicios de todo tipo, a favor o en contra, de beatería, de religiosidad, de catolicismo o no, de creyente o no… Apartar esos prejuicios y dejarse seducir por una personalidad magnética, por una increíble fuerza femenina arrolladora, divina, sagrada, que hace de lo divino algo completamente terrenal, asequible, inmediato, eso es lo maravilloso de Santa Teresa.

Mucha gente piensa lo contrario, que los místicos viven fuera del mundo.

Ella es una mujer totalmente práctica, no está “colgada”, está haciendo cosas continuamente, compraventa de casas, trapicheo, la ventana aquí, la columna allá. En el huerto ella misma planta las viandas, ponme acá un gavillo y ponme allá una zanahoria…

Antes de Santa Teresa, en otras monólogos se ha ocupado de San Juan, de la Cruz, de San Francisco o del mismo Jesús del evangelio de San Juan. ¿Por qué en un momento de desprestigio de lo religioso un cómico se ocupa de estos personajes?

Porque yo no me ocupo desde la óptica de la religiosidad, sino desde una óptica trans-religiosa, considerando que los místicos son personalidades no convencionales dentro de la religión; porque el evangelio de San Juan es heterodoxo y, aunque está dentro de la ortodoxia canónica, en un momento fue sospechoso de docetismo, una herejía de los primeros tiempos del cristianismo y es un evangelio místico. Y San Francisco era un personaje controvertido por su forma de plantear el tema de la pobreza evangélica en una iglesia corrompida. Y los dos místicos españoles, San Juan de la Cruz y Santa Teresa, tuvieron problemas con la inquisición y el “stablishment”. Entonces, me ocupo de figuras que me interesan no desde el punto de vista religioso sino desde el punto de vista místico. Y ¿cuál es la diferencia? El místico es el buscador de una experiencia divina, de un contacto real con la divinidad, real, que lo oye, que lo siente, que lo percibe, a través de la intuición, de un desarrollo real de la intuición, de la antena mental. La mente es una antena receptora y emisora: emite con la oración y recibe respuesta. Y si recibe respuesta es que ya no hay lugar para el “creo o no creo”, es ya experiencia, esa es la dimensión del místico. El creyente está en el terreno de la fe, del “creo en Dios…” y del sentimiento, “necesito a Dios”, voy a misa, le rezo, le pido… Pero no le ha respondido de una forma en que ya deje de ser creyente porque ya no necesita hacer un acto de fe en el sentido en que la Iglesia antigua pedía: pon ahí la mano en el Evangelio y di “yo creo”. Eso es una estupidez, creer de una forma tan ritual. El místico, sin embargo, busca y, por lo tanto, tiene que explorar la increencia, explorarla a tope, llegar al límite de la creencia y vivir la angustia de la no creencia de una manera radical, para ver si pasa algo, si surge dentro de él una respuesta. Y si no surge, se muere de sed; es una aventura.

Usted mismo es un buscador.

Yo sí, estoy en esa búsqueda, soy un buscador de la divinidad. Buscador ante todo y religioso y espiritual y místico. Pero, sobre todo, buscador.

¿Adscrito a alguna fe específica?

No; si tuviera que definir cuál es mi religión diría, como dijo un gran maestro yogui, “la religión eterna”, la que busca la verdad de todas y desecha la falsedad de cada una de ellas.

Usted ha escrito: “…Este proyecto se inscribe como una modesta aportación, desde el mundo de la escena, un pequeño granito de arena en esa corriente del arte que, a través del trabajo de los hombres y mujeres de todos los tiempos, evoca, contempla o celebra este enorme regalo de la vida en el Hombre: el don del misterio”. ¿Necesitamos la espiritualidad?

Claro que sí, el desequilibrio vital es importante, vivimos una vida antinatural que trasgrede las leyes de la relación armónica con el entorno, con la naturaleza, la agredimos, nos agredimos a nosotros mismos, es una vida en la que predomina el valor de la competitividad sobre la cooperación, son pautas de las que es difícil escapar porque están muy instauradas en la sociedad; el medioambiente se deteriora, también los alimentos y se deteriora la salud y la salud psíquica; hay casos de descontrol total, agreden a los niños en los colegios, gente que maltrata a la mujer e incluso la mata, hay una carga de negatividad muy fuerte. Y la espiritualidad es muy importante, la necesidad de la búsqueda de la armonía con los demás, contigo mismo. El sanatana dharma, la ley eterna en el hinduismo, es armonía, vida armónica. El sufrimiento cesa, se aminora, el sufrimiento es por darse uno contra un muro y acabas con la cabeza hecha polvo.

¿Y cuáles son las vías para salir de esa trampa? ¿La meditación, la poesía, el mismo teatro?

La indagación en el interior de uno mismo, de lo que es ser persona, individuo, alma humana.

¿Cómo andamos de humor?

Tenemos sentido del humor, pero un poco cabrón.

Un comentario de Rafael produjo una reacción tan excesiva en los seguidores de Pablo Iglesias que “El Brujo” se vio obligado a aclararlo en su blog: “Le pido disculpas a Pablo Iglesias si se sintió ofendido, pero me reitero en la observación que hice: habla excesivamente rápido y trasmite una cierta impresión de exhibidor de habilidades logopédicas que le restan consistencia y peso a su discurso. Esto es lo que quise decir cuando empleé la dichosa palabra papagayo. También podía haber dicho “loro” y sus seguidores incondicionales, que por la reacción más parecen devotos de un santo, se hubieran ofendido igual. Nadie me ha entendido…. Estoy a disposición de Podemos pero, por favor, que Pablo Iglesias hable un poco más despacio…”. Se entendió bastante mal lo que dijo de Pablo Iglesias…

Los mitos sagrados son intocables. La derecha de este país tiene todavía un resabio antiguo y un mal perder y fanatismo y tal… pero la izquierda, déjate tú. Hay unos tópicos y una ignorancia fanática y un resentimiento que son cosas que impiden el verdadero progresismo.

¿Necesitamos más hermanamiento?

Claro.

El humor, ha escrito, nos salva, como el Espíritu Santo. ¿De qué nos salva el humor?

Del presente negro, aciago, del momento horrible. El humor es como una espita para salvar ese momento. Y el Espíritu Santo también, salva una situación, entra una energía de otro orden: en un momento en que está todo mal, tocas unas teclas que lo recolocan todo, porque pides ayuda. Yo lo he experimentado.



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