Claude Emmanuel Triomphe es uno de los supervivientes de los atentados de París del 13 de noviembre del año pasado en los que murieron 130 personas y más de 400 resultaron heridas. Acaba de ser nombrado miembro del Alto Comisariado para el compromiso cívico.

Culmina así para él un año difícil, en el que 3 delicadas operaciones, 4 meses de hospitalización y la necesaria asistencia psicológica le han permitido volver a andar y recuperarse lentamente de las heridas y del shock emocional. En una visita reciente a Madrid compartió para Alandar el recuerdo de lo sucedido en noviembre y también sus reflexiones de futuro.

¿Cómo viviste los hechos del 13-N?

Estaba cruzando la Plaza de la República, a 500 metros de mi casa, y un tipo muy joven me preguntó el camino, en inglés. Era su primer día en París y le propuse tomar algo en un café menos ruidoso que los de la plaza así que fuimos a La Bonne Bière, a tres minutos de allí. En la puerta, el camarero me preguntó si queríamos sentarnos en la terraza o en el interior. Mi primera respuesta fue que en la terraza porque el tiempo estaba agradable, eran las 9,15 de la noche, pero cambié de opinión y pasamos al interior. Estábamos a punto de elegir lo que queríamos tomar cuando oímos un ruido que mi cerebro identificó como de disparos y, sin pensar, traté de protegerme tras el sillón, pero vi al menos dos balas en mi pierna, y los disparos continuaron. Luego hubo un silencio y me acuerdo de que alguien dijo, “vuelven”, y no volvieron, pero tuvimos ese miedo. Después, otras personas entraron en el café. Una mujer que tenía un pequeño acento italiano vino a hablar conmigo, se presentó como médico y me hizo un torniquete en el brazo, me habló y me sujetó la mano. Yo tenía sangre por todas partes. Entonces recordé que tenía el móvil y decidí llamar a una buena amiga que vive cerca; ella no me entendió cuando le dije que era víctima de un atentado porque nadie lo sabía en Paris todavía. La mujer italiana tuvo que explicarle brevemente lo ocurrido y donde estábamos. Recuerdo que el dolor comenzó entonces, porque los balazos no los sentí, no me causaron dolor, y en algún momento me puse a gritar que quería vivir. Llegó mi amiga y eso fue un enorme alivio, el ver esa cara conocida. Los servicios de emergencia tardaron bastante, como 20 minutos, luego supimos que había otros atentados. Los bomberos llegaron y trataron de clasificar a los heridos entre graves, muy graves y aquellos por los que no se podía hacer nada. Me pusieron entre los graves, buena noticia, pero mala porque creía que no se ocuparían de mí en lo inmediato. Luego trataron de mantenerme despierto, porque yo quería dormir, pero me daba cuenta de que podía ser un sueño definitivo; veía que las fuerzas me abandonaban y pensé en la muerte, pero sin tragedia, como un observador externo, constatando mi mala suerte. Escuchaba a los bomberos hablar de la bajada de mis constantes vitales y eso me causó pánico. Luego llegaron las ambulancias y me llevaron al hospital de Saint Antoine donde en las Urgencias me pusieron morfina y me transfundieron sangre inmediatamente, porque había perdido mucha. Un enfermero me cuidó y acompañó todo el tiempo que estuve allí.
Tenía mucho dolor en el pie y, sobre todo, mucha sed y no me daban nada de beber porque me tenían que operar. Fue realmente lo peor, una sed tremenda, dos semanas sin poder beber; aunque tenía suero, me parecía que comía la piel de mi boca, una sensación terrible. Pero necesitaba dos operaciones, una por el intestino y otra por el nervio ciático que estaba afectado. Nunca perdí la conciencia, me dediqué a observar cómo funcionaba el servicio, y vi que todo el personal había acudido de forma voluntaria para ayudar. Durante todo este tiempo el enfermero estaba conmigo, todavía mantengo contacto con él.

Tú ¿sabías lo que había sucedido?

Claude Emmanuel Triomphe habla de su experiencia ser víctima en los atentados de París

Claude Emmanuel Triomphe recibido por Hollande tras recuperarse del atentado.

Yo sabía que era un atentado pero no que había habido otros. En mi cabeza sabía que este tipo de atentados podía ocurrir, porque con todos los locos que regresaron de Irak y de Siria, yihadistas que viven en Francia, pensaba que podrían atracar en una estación o un mercado pero nunca pensé en un bar o sala de concierto. Y claro, tampoco pensé nunca que yo estaría en esa fotografía. Pero no fue una sorpresa para mí. En el hospital me fueron diciendo que había 60 víctimas y, poco a poco, esas víctimas fueron aumentando. Luego, con mi amiga, preparé una estrategia para informar, poco a poco, a mis padres: él tiene 98 años y mi madre tenía 86.

La primera operación me la hicieron al día siguiente en otro hospital, y los médicos me explicaron -yo no lo sabía- que tenía el intestino afectado y que era una operación muy compleja. Me desperté bien, sé que tenía morfina. Seguía la sed tremenda pero iba a ser operado de nuevo en la pierna, un día después, para suturar el nervio ciático. El despertar de esa segunda operación fue terrible, por el dolor y por la férula y el ángulo en que obligaban a mantener mi pierna que me causaba más dolor; no podía soportar ese dolor y esa posición que los médicos me dijeron que tenía que mantener 45 días. Pero me rebelé, no lo acepté. Ellos me dijeron que si la pierna no mantenía ese ángulo, la operación podría fracasar, pero decidí asumir el riesgo porque el dolor era insoportable incluso con morfina. Fui capaz de mantener la pierna plegada como ellos querían pero sin férula.

¿Eras consciente de la gravedad de tu estado?

No, sé que eran heridas muy graves pero tengo dificultad, todavía hoy, de ser consciente de esa gravedad, porque fueron 4 balas las que me alcanzaron en brazo, intestino, pierna y pie. Murieron 5 personas en esa cafetería y hubo unos 20 heridos. Todos los muertos fueron las personas de la terraza, porque los terroristas llegaron en un coche y comenzaron a ametrallar desde el coche hacia la cervecería y hacia la pizzería Casa Nostra, que está enfrente y también tiene terraza. Dispararon a ambos lados. Nosotros estábamos sentados detrás de la vidriera y eso me salvó, y es algo que me vuelve continuamente a la cabeza: si yo hubiera permanecido en la terraza, habría muerto. Mi historia es como un milagro con muchos ángeles desde el primer momento: podría haberme quedado en la terraza, la italiana que me ayudó…

¿Quiénes fueron los otros ángeles?

El primer enfermero sobre todo, que me acompañó todo el tiempo, también las auxiliares, especialmente había una chica de las Antillas que me cuidó de una manera extraordinaria. Incluso cuando fui trasladado de servicio me visitaba cada día, sólo para hablar conmigo. Me trajo un plato muy típico de su tierra, y me ayudaba a afeitarme, lavarme la cabeza, etc, aunque no era propiamente su trabajo. Había otra enfermera que era como el sol entrando en mi habitación, incluso sin palabras; también con ella he mantenido el contacto. Otro ángel es otra amiga médica que intervino en un momento en que mi situación empeoró, a los 9 días. Tenía un dolor insoportable en el vientre y dificultad respiratoria, que fue considerado normal por los médicos; pero esta amiga, cuando me visitó, salió enseguida sin decirme nada. Luego me ha contado que fue a contactar a un colega anestesista, como ella. Él rechazó intervenir porque el equipo de médicos era muy capaz, pero ella insistió, lo sacó del brazo y lo forzó a ir a verme, y él también se percató de que tenía una embolia pulmonar por la que me llevaron de urgencia a hacer un scanner e inmediatamente intervinieron. Si ella no llega ese día y en ese momento podría haber muerto.

¿Qué te ha ayudado en este tiempo?

[quote_right]Los gobiernos franceses han puesto mucho dinero para la integración pero sin proyecto global[/quote_right]Los amigos, la familia, mensajes, personas concretas, que no dejaban de acudir. Los médicos tuvieron que establecer unas normas para mis visitas, me dijeron que era la persona más visitada del hospital. Eso me ayudó mucho, impidiéndome pensar demasiado en lo sucedido. No quería, por ejemplo, tener TV en la habitación ni saber demasiado de los atentados. Yo dosificaba lo que leía, Le Monde de vez en cuando, porque la falta de concentración fue muy notable. Me han regalado libros para 3 o 4 años, y fui incapaz de abrir un solo libro y solo en enero, 3 meses después, pude utilizar el libro electrónico que me reglaron mis hermanos.

¿Qué fue lo más difícil de los 4 meses de hospital y del resto?

Los dolores en el pie, que han sido más que fuertes, no se iban ni con morfina. Los dolores de tipo neuropático exigen un cóctel que hay que adaptar a cada paciente y tardaron un tiempo en encontrar la combinación necesaria. Y lo otro fue aceptar que no podía moverme, era como un preso en mi cama, no podía lavarme, era totalmente dependiente, como una persona de 90 años, aceptar esa dependencia, tener que hacer las necesidades en la cama, es algo que no acepté totalmente nunca.

¿Eres ahora una persona distinta?

Sí creo, lo siento en mi cabeza y mi cuerpo, que soy distinto. Temas que me interesaban antes ahora me parecen casi irrelevantes. Hay por ejemplo un proyecto de ley sobre el trabajo y es mi tema – soy inspector de trabajo y fui cofundador de Astrées, un laboratorio de ideas sobre los cambios en el mundo laboral europeo- y ese proyecto que se discutía en el Parlamento no me ha interesado apenas. Ahora leo mucho sobre el tema del terrorismo, el yihadismo, el mundo musulmán.

¿Y que sacas de esa lectura?

En primer lugar no puedo entender la posición geoestratégica de Francia, que es aliada de Qatar y Arabía Saudí los cuales financian las doctrinas wahabistas y salafistas y a la gente y las armas de esos grupos terroristas. Tras mi viaje a Irán, hace pocos años, no podía entender por qué Irán, los iraníes, son ”los malos”, porque es un país mil veces más educado que los otros, con una sociedad civil activa, también con un tipo de islam chií mucho menos agresivo. El régimen iraní sí lo es, pero los mollahs me parecen más educados que otros.

Otra cosa que me cuesta aceptar es que soy una “victima de guerra”, es mi estatuto oficial, voy a recibir una pensión del estado como tal. Pero cuando el primer ministro Valls habló de que estamos en guerra, me costó aceptarlo. Técnicamente es así, estamos en guerra, nuestros aviones bombardean al Isis en Siria; también el Isis atacó a Francia y creo que volverán a atacar, los servicios de inteligencia no podrán impedir nuevos atentados.

También reflexiono sobre nuestra política interna. Gilles Kepel, uno de los mejores expertos franceses en Islam, describe en “Terrorisme en el hexagone” la evolución de la situación en las periferias de las grandes ciudades francesas y las oportunidades perdidas de integración. Los gobiernos franceses han puesto mucho dinero en esa integración pero sin proyecto global; han sido miles de millones de euros pero no han entendido lo que estaba pasando ni las discriminaciones sufridas por un sector de la inmigración, también por el sector educado de esa población que sufre, globalmente, una especie de apartheid.

Tu asociación ha recibido un premio por un proyecto realizado con jóvenes sobre sus ideas y sus deseos relacionados con el trabajo.

Si, fue un proyecto con mucho éxito. Encuestamos en las escuelas para estudiar las relaciones entre los menores y el mundo del trabajo para ver cómo han de cambiar las políticas públicas hacia ellos. Una sesión fue organizada en el territorio por excelencia de esa exclusión que es La Seine-Saint-Denis. Trabajé con dos clases, chicos y chicas de entre 11 y 13 años, todos y todas inmigrantes, un colegio sólo con gente negra o norteafricana y algún asiático. Ni un solo blanco en esas clases. El potencial de esos chicos es enorme. He trabajado con ellos sobre sus deseos, sus ideas para mejorar el trabajo, y fueron los más creativos de los 500 jóvenes con los que trabajamos. El director de la escuela, al final, tras darnos las gracias por ayudarle a descubrir a sus propios alumnos, me dijo algo muy fuerte. Para esos chicos, si tienes en cuenta la ubicación del colegio y su propia situación familiar, la mitad de las opciones de la educación nacional en Francia estaban cerradas. Es decir, que a los 11 ó 12 años la posibilidad de elegir, de mejorar su estatus, está cerrada en un sistema que discrimina desde el primer momento. Eso me preocupa enormemente. La responsabilidad de los gobiernos de izquierda o derecha es enorme, tendrían que poner la situación de las periferias como un tema central. Yo no siento odio contra los terroristas, siento más pena que odio, pero sí tengo una especie de rabia en contra de nuestra política, que no es responsable de todo, pero que ha permitido la difusión de esas doctrinas extremas en las que la única identificación es de tipo religioso. Eso es la negación de todos los valores de la república francesa.

No todas las víctimas han reaccionado así, sin odio.

[quote_left]Todavía no he podido regresar al lugar del atentado, mi cuerpo no me lo permite[/quote_left]Conozco a un herido que, con su mujer, vivió el Bataclán durante más de dos horas, debajo de unos cuerpos ya muertos, con los terroristas disparando y el miedo a morir en cada instante, y me ha dicho que unos meses después seguía sintiendo como un torrente de odio. Yo tuve la suerte de no vivir el Bataclán, no sé cómo reaccionaría si hubiera vivido el Bataclán… –llora-. Cada vez que pienso en las víctimas de la sala Bataclán no puedo evitar llorar. Porque yo no tengo imágenes de lo ocurrido en La Bonne Bière, salvo yo mismo y mi sangre, pero no vi muertos, no vi a los terroristas. Sin embargo no he podido volver al lugar de los hechos. Al salir del hospital fui con una amiga pero al llegar a Republique me puse a llorar. Yo quería llegar pero mi cuerpo no me permitió caminar hacia La Bonne Bière, y todavía hoy no he podido regresar.

Estás a punto de cambiar de trabajo. Parece que vas a poder hacer algo a favor de la integración de los jóvenes de las periferias.

Ahora, especialmente después de 3 semanas pasadas casi solo en un pequeño pueblo del sur de Francia, me siento un hombre nuevo y he vuelto a París lleno de energía.
Pronto voy también a retomar la actividad profesional. Una nueva, sobre la que pensé mucho en el hospital y cuando regresé a casa. Yo quería dedicarme a una actividad relacionada con la juventud, la educación y la innovación social. Pensaba que era muy difícil encontrar un trabajo de este tipo, porque mi experiencia está en los temas laborales, no en la educación. Pero he recibido 6 ofertas en 10 días y elegí la que me pareció la más adecuada a mi visión de la sociedad y mi deseo de contribuir a cambiarla, o a mejorarla, al menos. Voy a trabajar en el equipo del nuevo Alto Comisario para el compromiso cívico, un trabajo que debería permitir a los jóvenes comprometerse en iniciativas para el beneficio de la sociedad. Tendremos que desarrollar el servicio cívico para los jóvenes, entre otras cosas. Y además este trabajo me permitirá salir de Paris y mudarme a Marsella, una ciudad que quiero, con una población muy mezclada, con muchos problemas pero también con mucha vida y creatividad. “Plus belle la vie” son las palabras que repito casi todos los días. Y es también el título de una serie muy famosa de la televisión francesa ¡que se desarrolla en… Marsella!