Por José María Rubio Rubio*

 

“No se puede escuchar a Cardijn sin que su palabra nos apasione. No se puede hablar de Cardijn sin pasión”, decía un antiguo militante de la JOC en el acto del 50 aniversario de su fallecimiento. Joseph Cardijn, fundador de la JOC, fue un profeta de la modernidad y un creyente apasionado cuya memoria hay que rescatar y reivindicar.

A lo largo del s. XIX se producen cambios importantes en Europa. Nace la clase obrera, una clase pobre, los nuevos pobres, que buscan liberarse y que comienzan a organizarse en  el movimiento obrero. Esta clase naciente es difícilmente comprendida por la Iglesia, que ha estado cercana a los pobres, pero la clase obrera son unos pobres diferentes, son pobres de ciudad, del trabajo.

Joseph Cardijn, sacerdote en el mundo obrero

Los orígenes: una familia y un barrio obrero y popular. Cardijn nace en 1882 en Bélgica, en una familia de modestos trabajadores. Desde joven, en casa o en la calle, escucha a los obreros que conversan sobre sus condiciones de vida miserables. Surge en él la vocación al sacerdocio y se prepara en el seminario de Malinas. Al poco de su ordenación (1906) es enviado a estudiar sociología a Lovaina. Se va poco a poco definiendo su opción fundamental: ser sacerdote en la clase obrera, sobre todo entre los jóvenes trabajadores.

Sacerdote coadjutor en Laecken: un estilo de presencia y acción misionera. En 1912 es enviado a una parroquia de la periferia de Bruselas, comenzado un nuevo estilo de presencia o acción pastoral. “Por la mañana a la hora en que los obreros acuden a las fábricas. Cardijn se cruza con ellos expresamente, para provocar el encuentro. Les saluda amistosamente y dirige la palabra a unos y a otros: ¿dónde trabajas?, ¿cuántos sois?, ¿es muy duro…, cuánto se gana…?”. Centra una parte importante de su trabajo pastoral en la evangelización de los jóvenes trabajadores de su barrio. Sus propuestas pastorales revolucionarias y novedosas (acción trasformadora y social, protagonismo de los jóvenes…) produjeron incomprensiones, tanto en la Iglesia como en la sociedad belga.

Joseph Cardijn y el nacimiento de la JOC

 El nacimiento y extensión de la JOC. La JOC surge como fruto del trabajo pastoral y misionero de Cardijn en su parroquia y en su barrio con jóvenes trabajadores y con empleadas de hogar. Son los primeros grupos organizados, semilla de lo que más tarde será la JOC (Juventud Obrera Cristiana).

El movimiento de la JOC nace en medio de dificultades, incluso desde la propia Iglesia. El encuentro de Cardijn con Pío XI supuso un impulso decisivo y esperanzador, cuando este le dice a Cardijn: “Amigo mío, la JOC no es solo su movimiento. La JOC es mi movimiento. La JOC es la Acción Católica tal como el papa la quiere. Vaya, regrese a su país y organice la JOC”.  El año 1925 es el del nacimiento oficial de la JOC de Bélgica, la cual se va extendiendo bastante rápido ya que respondía a una necesidad muy sentida en sectores de la Iglesia: la relación con el mundo obrero, la evangelización desde dentro, asumiendo su cultura.

Desde entonces, Cardijn se dedicó a la consolidación y extensión de la JOC, primero en Bélgica y Francia y luego en Europa y en los otros continentes, como movimiento de Acción Católica Especializada.

Un luchador infatigable: el cardenal de los trabajadores

En los 50 años de la muerte de Joseph Cardijn, un homenaje

Una de las ponencias del acto del 50 aniversario de Cardjin. FOTO/ JOC

La fidelidad a los jóvenes trabajadores y a Jesucristo fueron las constantes que marcaron desde el inicio la vida de Cardijn. Asiste a las tres primeras sesiones del Concilio Vaticano II como experto invitado. Pablo VI le nombra cardenal en 1965 y así participará ya en la cuarta sesión del Concilio como padre conciliar.

Fue su último viaje a Roma. Tras una breve enfermedad, se apagará suavemente su vida en 1967. Descansa en la Iglesia de Laecken (Bruselas), donde comenzó la JOC, en una sencilla tumba con esta inscripción: “Joseph Cardijn. Consiliario de la JOC. 1882-1967”.

El papa Juan Pablo II destacó la figura de Cardijn por “su convicción de que solo el Evangelio puede ser, en el mundo de los trabajadores que lo acogen, el fundamento de su dignidad”.

 El pensamiento, las intuiciones profundas de Cardijn, que están en la base de la JOC

Las “verdades” o convicciones de Cardijn. De modo sencillo Cardijn expresa tres convicciones (verdades) que dan sentido a su acción y método pastoral y, con ello, al movimiento de la JOC:

“La verdad de fe”: el destino (vocación-proyecto) eterno y temporal de cada joven trabajador en concreto, y de todos los jóvenes en general. “Cada trabajador y cada trabajadora deben vivir la experiencia del amor de Dios, del corazón de Dios, de la dignidad de Dios y debe ser respetado como Dios mismo.”

“La verdad de experiencia”: las condiciones de vida y de trabajo de los jóvenes del mundo obrero, que están en contradicción flagrante con ese plan de Dios, con su dignidad de hijos de Dios. “La vida, las condiciones reales de la existencia de los jóvenes trabajadores, de la masa. Los jóvenes trabajadores no son esclavos, ni bestias de carga, ni máquinas, sino personas e hijos de Dios”, dirá Cardijn.

“La verdad pastoral o de método”: la necesidad de una educación-evangelización que, partiendo de la vida, incida en ella, para que los jóvenes encuentren y conozcan a Jesucristo y así realicen su vocación.

Desde estas convicciones, Cardijn orienta su vida y su acción a la evangelización y educación de los jóvenes trabajadores. Tarea difícil, dada la situación de explotación y marginación que viven estos jóvenes trabajadores.

“Entre ellos, por ellos, para ellos”: el protagonismo de los jóvenes, de los laicos

 Lo que hoy llamamos el protagonismo o corresponsabilidad de los laicos aparece con fuerza en el pensamiento y acción pastoral de Cardijn. Él fue un pionero del apostolado seglar en una época de la Iglesia en que el apostolado se consideraba tarea de los sacerdotes y religiosos. Un reto que sigue teniendo hoy plena vigencia en la Iglesia.

Por medio de la JOC, Cardijn introdujo en el apostolado seglar y en la Acción Católica (tentada alguna vez de replegarse en un espiritualismo por miedo al compromiso) la idea de una acción encarnada en la realidad cotidiana de los laicos, en los ambientes de vida y en las instituciones sociales. Hélder Cámara, arzobispo brasileño y figura de la teología de la liberación, definió a Cardijn como “un apóstol, un enviado. Vino para ayudar a los jóvenes trabajadores a reconocerse como personas humanas, como hijos de Dios, encargados de una misión que solo ellos pueden cumplir”.

La misión desde el interior: levadura en la masa, pastoral de ambientes

Joseph Cardijn. Foto: Archivo Alandar

El dinamismo misionero orientó toda la vida de Cardijn: llevar la Buena Noticia de Jesucristo a los jóvenes trabajadores, que están a menudo más allá de las fronteras de la Iglesia. Es la Iglesia en salida, a la que hoy nos sigue llamando el papa Francisco en Evangelii Gaudium. “Qué bueno es que los jóvenes sean ‘callejeros de la fe’, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra” (106 EG).

 Él percibía la esterilidad de una pastoral del tipo “el gueto cristiano”. De ahí su planteamiento de “hacer salir” a los jóvenes a la evangelización de otros jóvenes y a la transformación del propio ambiente, “a modo de levadura en medio de la masa”, un estilo humilde, sencillo y evangélico de hacer la misión.

El teólogo Fernando Urbina, hablando de la JOC, decía: “La acción misionera se concibe como una transformación de la masa por la acción de los militantes, como se transforma interiormente la masa por el fermento. Las tres características del fermento son: es pequeño, tiene una alta energía y está ‘dentro’ de la masa, en contacto vivo con ella”.

Educar y evangelizar desde la vida, a través o a partir de la acción

Otra de las grandes aportaciones de Cardijn se sitúa en el terreno educativo. Él intuyó que era necesaria una profunda renovación pedagógica para acercar Iglesia y mundo obrero, jóvenes y fe cristiana. La pedagogía de la fe va unida a la educación, a la maduración de la persona del joven en los aspectos fundamentales de su vida obrera y juvenil. Él fue un educador, en sintonía con las líneas pedagógicas más avanzadas y renovadoras del s. XX.

El espacio o medio fundamental para la educación/evangelización no es la formación teórica, sino la acción/vida reflexionada a la luz del Evangelio, en pequeño grupo.

“Para mí, los laicos no se forman en el apostolado por medio de libros, por una enseñanza puramente teórica, por medio de charlas… por interesantes que sean. Los seglares se forman en primer lugar por el descubrimiento de los hechos reales, seguidos de un juicio cristiano, para llegar a gestos o acciones que realizan, a responsabilidades que asumen. Se trata de un aprendizaje vital, existencial del apostolado, que genera finalmente una mística y un estilo de vida” (Cardijn).

La revisión de vida

 Cardijn concreta y desarrolla estas intuiciones pedagógicas con el método “Ver-Juzgar-Actuar” o “Revisión de Vida” (RV) cuando se realiza en pequeño grupo. La RV es un método para la acción militante y para la espiritualidad cristiana, el método fundamental para la formación de militantes de la JOC hoy, igual que siempre.

Este método, nacido en el seno de la JOC, lo ha incorporado la Iglesia con naturalidad y son muchos los grupos o comunidades que lo utilizan. Se ha convertido incluso en una forma de ordenar la reflexión en muchos encuentros y documentos pastorales y eclesiales.

El compromiso por la justicia

La JOC es y ha sido una escuela para la militancia cristiana y el compromiso por la justicia, en el mundo obrero, entre los jóvenes, en el conjunto de la vida político-social desde la opción por los pobres, como expresión de la caridad cristiana. Cardijn y la JOC han colaborado decisivamente -y siguen haciéndolo- en el despertar de la conciencia social de muchos cristianos, especialmente jóvenes.

En la JOC abordamos con gran esperanza “el despertar la fe de los jóvenes”, levantando, empoderando, haciéndoles protagonistas de sus propias vidas y reconociéndoles su dignidad como hijas e hijos de un Dios del amor y la misericordia a través de la JOC. Sin duda, aquellas intuiciones de un cura obrero, siguen siendo válidas para la mayoría de la juventud actual y, sobre todo, siguen siendo retos para nuestra Iglesia. Retos como el protagonismo y la formación laical, la acción transformadora en nuestros ambientes, siendo Iglesia en salida, acercando el evangelio encarnado y sencillo y empoderar el papel fundamental de los jóvenes y de la mujer en la Iglesia.

La JOC propone un nuevo modelo de persona, de sociedad y de Iglesia a través de la evangelización y educación a los jóvenes del mundo obrero que dé respuesta a una juventud desertora de vivir su experiencia de fe pero que, a la vez, se encuentra en continua búsqueda de una espiritualidad que les colme sus anhelos de plenitud.

Por todo lo inspirador que fue y sigue siendo Joseph Cardijn, el pasado 16 de junio la Juventud Obrera Cristiana celebramos un acto como homenaje por los 50 años de su muerte. Participaron personas de distintos puntos del país, entre ellas antiguos militantes de la JOC, consiliarios, militantes de movimientos hermanos… quienes compartieron una tarde recordando la figura de Cardijn, sus intuiciones y cómo estas siguen siendo retos para la Iglesia.

El acto comenzó con algunos testimonios de jóvenes de la JOC. A continuación, tuvimos el privilegio de contar con Antonio Bravo, sacerdote de El Prado, quien nos presentó la figura de Cardijn como un profeta. Un profeta porque cumple estas cuatro facetas: (1) fue un hombre enraizado en su pueblo y solidario con ese pueblo hasta el final, (2) tuvo conciencia de ser enviado por Dios, siendo fiel al envío de Dios a una tarea concreta, (3) poniendo a las personas en un camino de libertad y de esperanza basada en la fidelidad del proyecto de Dios y (4) su mensaje como profeta permanece vivo de generación en generación.

Cuentan que visitando Cardijn unas minas de oro y diamantes en Sudáfrica, donde trabajaban muchos jóvenes, impactado por las duras condiciones de trabajo, al salir dijo: “Un joven trabajador vale más que todo el oro del mundo, porque es hijo de Dios”. Esta frase, sin duda, se ha convertido para los militantes de la JOC en expresión del sentido hondo de su compromiso cristiano, obrero y juvenil.

*José María Rubio Rubio es consiliario de la JOC