Los rostros de las víctimas identificadas y el vacío de aquellas sin identificar.

El 6 de febrero de 2014, quince personas murieron en esta playa. Intentaban llegar a Europa y lo que recibieron fueron pelotazos de goma cuando luchaban por no ahogarse en el mar. Buscaban otra vida y encontraron la muerte.

Hoy, tres años después, quienes aquí estamos, en esta IV Marcha de la Dignidad, mantenemos viva la llama de la memoria; mantenemos viva la exigencia de que la legalidad internacional debe cumplirse, de que la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 tiene que dejar de ser papel mojado para constituirse, no solo retóricamente, en la piedra angular que sirva de fundamento y base para el desarrollo de las normas y procedimientos de nuestra vida en común.

Las 15 personas muertas en el Tarajal son el símbolo de una Europa que nos avergüenza, una Europa que colabora en el expolio y la violencia que dejan sin oportunidades a los pueblos del Sur global empobrecido, que les obliga a huir y que, a su paso, levanta vallas y coloca cuchillas; una Europa que, lejos de construir un mundo más solidario y democrático, contribuye, cada vez más, a la ruptura de puentes y a la exaltación de la xenofobia, el odio y el racismo de los que se nutren las organizaciones de una extrema derecha que no deja de crecer; una Europa que mira hacia otro lado ante la tragedia insoportable de un Mediterráneo que ha dejado de ser aquel al que cantaba Serrat para pasar a convertirse en la mayor fosa común del mundo: más de 5.000 personas han muerto ahogadas solo en el pasado 2016 en el Mare Nostrum. La Europa fortaleza MATA, digámoslo alto y claro.

Quienes aquí estamos pensamos que otra Europa, solidaria y justa, no solo es posible, sino que es más necesaria que nunca. Hoy, construir Democracia, Derechos Humanos y Bienestar pasa inexorablemente por mirar hacia el Sur y cambiar nuestra relación como pueblos, partiendo del reconocimiento de nuestra dignidad compartida y construyendo oportunidades reales de lograr vidas plenas aquí y allí.

Las fronteras de Ceuta y Melilla tienen que dejar de ser espacios de No-Derecho en los que las ilegales devoluciones en caliente se suceden sin ningún pudor. España tiene que dejar de utilizar a Marruecos como socio encargado del trabajo sucio, una relación vergonzosa que ha servido de ejemplo para los aberrantes acuerdos de la Unión Europea con Turquía y Afganistán. Las autoridades políticas tienen que saber que aquí hay un pueblo que se indigna cada vez que se vulneran los derechos de las personas y que no vamos a consentir que se sigan mutilando cuerpos en las vallas ni arrojando vidas al mar.

Llaman a las personas “ilegales” e intentan legitimar atrocidades, como la ocurrida en esta playa, a través de sus decretos. Intentan hacernos creer que es justo y legítimo perseguir, castigar y deportar a seres humanos a pesar de todas las vidas que las políticas migratorias se llevan. Antes eso, decimos: ¡Basta!

Esta es la cuarta vez que hacemos esta marcha hasta el espigón del Tarajal y seguiremos viniendo mientras no se esclarezca la verdad y no haya justicia y reparación para las víctimas de las fronteras y sus familias. Que nadie dude de que cada año seremos más quienes vendremos aquí a decir que:

¡NINGUNA PERSONA ES ILEGAL!

 

¡DERECHOS HUMANOS PARA TODAS Y TODOS!

Convocatorias programadas:

*4F / Ceuta / IV Marcha por la Dignidad.

*6F / Puerta del Congreso / 12:00 / Minuto de silencio

*6F / Congreso de los Diputados / 16:00 / Acto de Homenaje a las víctimas

*6F / Frente al MAEC / 19:30 / Concentración ciudadana

*11F / Tirso de Molina / 17:00 / Marcha por las víctimas.