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Justificación

Comienzo esta serie de La alegría del Evangelio y tal en la parroquia donde entré a formar parte de la Iglesia, donde recibí el bautismo. Por cierto, me regalaron una Biblia y un cirio. Fue el 26 de junio de 1971 y aún conservo con cariño el ejemplar dedicado por el párroco. “En la pila ubicada en la sacristía donde nos hemos revestido -recuerda en su homilía el predicador invitado- ha recibido el bautismo la última santa canonizada por la Iglesia, la madre María de la Purísima”. Y pienso en que se me pegue algo.

Fecha: Martes, 8 de diciembre. Fiesta de la Inmaculada y fin de puente.
Lugar: Basílica de Nuestra Señora de la Concepción. C/ Goya, 26, Madrid. En el corazón del barrio de Salamanca, el distrito más caro de España.
Celebración: Misa de una, que es la misa parroquial (hoy hay nueve eucaristías).

En la verja que linda con la calle hay dos puertas. En una, pide sentada una mujer con un pañuelo azul en la cabeza, parece una gitana rumana. En la otra, dos señoras con peto verde y tinte rubio reparten propaganda electoral de VOX.

Oigo desde dentro cómo suenan las campanas del templo neogótico. La una en punto. No se cabe en la iglesia. Mucha gente de pie. Los bancos, con capacidad para seis feligreses, repletos. Tienen reclinatorio forrado con escay brillante y unos ganchitos dorados en el respaldo de delante para colgar los bolsos. Todo muy limpio. Suena un timbre, como si fuera el teatro. La asamblea se pone en pie y el órgano lanza desde el coro sus notas llenando toda la nave y dando paso a las voces armónicas que entonan el Magnificat. Es la canción de entrada. El turiferario abre la procesión. Detrás la cruz, los ciriales, el evangeliario y hasta doce curas revestidos con casullas y estolas de inmaculado y azul celeste. Todo muy cuidado. Entre ellos hay un obispo sirio refugiado en la parroquia. Una devota le ha cedido un piso en el barrio. Preside José María Gil Tamayo, secretario de los obispos españoles.

El coro se arranca en griego con el Kyrie Eleison y continúa en latín con el Gloria. El pueblo escucha. Dos señoras leen las lecturas. Se ve que no es la primera vez. Entonan correctamente y leen entendiendo para que entendamos. Se agradece. El salmo y el aleluya, otra vez, a cargo del coro, ahora en español.

La homilía, bien preparada y pegada a la actualidad. El tono, entre la rueda de prensa y la catequesis. Muy formal. Cita el periodista, cura y secretario Gil Tamayo la misa televisada desde Roma, esa misma mañana, con motivo de la apertura del Año de la Misericordia. Cita también al papa emérito. Y al papa santo súbito. Recuerda que hoy también se conmemora el 50º aniversario del Concilio Vaticano II y los mil primeros días del papa Francisco.

Y, como la Inmaculada es la patrona de España, lanza un par de mensajes con vistas a las elecciones generales: “Algunos quieren reducir el hecho cristiano al espacio íntimo de la conciencia; quieren hacer de Dios un sin papeles”. Y prosigue citando, sin citar, el capítulo tres, versículo 15 de la Primera Carta de Pedro: “Hay que dar razón de la esperanza”. Lo que le da pie para recordar frente al millar y medio de feligreses que hay quien quiere apear la asignatura de Religión del currículum y la fe no puede ser algo marginal”. Algunos miran disimuladamente el reloj para confirmar que, en efecto, lleva media hora predicando, cuando llega lo mejor del sermón: “No seamos cristianos tristones. Nuestra fe debe ser apasionada, no fundamentalista. De propuesta, no de imposición”. Y el sermón acaba pidiendo a la patrona de España su bendición.

La liturgia prosigue cuidada, limpia, perfecta. Y no puedo sacarme de la cabeza las grandes franquicias en las que todo está tan calculado que hasta la sonrisa es de manual. Hay campanillas en la consagración. Si el párroco y rector, José Aurelio, no hubiera tomado la palabra al final de la celebración –“Me toca dar el telediario, los avisos”- jamás habría imaginado que esa era la misa parroquial. A las dos y cuarto nos despedimos cantando todos, ahora sí, a la Inmaculada Concepción, a la Concha, patrona de España.