Este año se cumplen diversos centenarios, entre ellos el de las apariciones de la Virgen en Fátima. Sobre esta cuestión de las apariciones de la Virgen en general, la Iglesia ha mostrado en todo momento una actitud muy cauta, por el hecho de dichas apariciones en sí mismas y por todos los fenómenos que normalmente han acostumbrado a rodearlas. Quizá las más conocidas son las de Lourdes en Francia y Fátima en Portugal; de las dos, es posible que sea esta última la que más reticencias ha levantado por todos los factores que la han rodeado desde un principio. Concretamente todo lo concerniente a las guerras, la paz en el mundo, el infierno y la condenación de tanta gente; por la petición por parte de la Virgen de rezar mucho, especialmente el Rosario, por la conversión de los pecadores, etc. Y lo que hace más peculiar aún a dicha aparición es, precisamente, la insistente petición de oraciones y de sacrificios para conseguir que Rusia se convirtiera. Curiosamente, cuando la Virgen pide esto a los tres pastorcillos aún no había estallado definitivamente la Revolución, que sería en octubre de dicho año, a pesar que en febrero ya había abdicado el zar y se había formado un gobierno provisional. Pero, de hecho, la proclamación de Rusia como un país ateo no tuvo lugar hasta la subida de Lenin al poder en octubre de 1917 (como se puede ver también, en este año se cumple el centenario de ello). Pero, bien, no es ahora ni el lugar ni el momento para hacer una explicación histórica de dicha revolución ni una interpretación de las apariciones. Por lo que al tema respecta, no quisiera dejar de citar Medjugorje (Bosnia-Herzegovina) por ser, quizá, la “supuesta” aparición más reciente (mediados del siglo pasado más o menos) que más adeptos está teniendo y más visitas recibe de personas de todos los países del mundo, especialmente de Europa.

Los niños a los que se les apareción la Virgen en Fátima. Excepticismo ante las apariciones marianas.

Imagen de los nuevos santos Jacinta y Francisco.

Quisiera hacer un apunte muy específico respecto al tema de las apariciones de la Virgen en general. Por cierto, el Evangelio es muy claro y cabe decir que María aparece en muy contadas ocasiones en el mismo, pero siempre las precisas y marcadas por una profunda y gran sencillez, nunca con anuncios estrambóticos ni nada que se le parezca. Recordemos, por ejemplo, aquel “no tienen vino”. El Evangelio habla de manera insistente en el compromiso para con los más necesitados (baste leer el capítulo 25 de San Mateo), en el esfuerzo por llevar una vida honrada y justa, etc., pero bien poco o casi nada, pura mención, del más allá y de todo lo terrorífico que, en cambio, sí que acompañan a prácticamente todas las apariciones de la Virgen. Que yo recuerde, solamente es la parábola del rico Epulón (Lc 16, 19-31) lo único que podríamos citar en este sentido: “Padre Abraham, envía a alguien de ese mundo vuestro para que vaya y diga a mis hermanos que cambien de vida para así evitar venir después aquí a sufrir los mismos tormentos que yo sufro. Pero Abraham le respondió: entre vosotros y nosotros hay una distancia insalvable; que hagan caso a los profetas que ya tienen”.

El Evangelio, pues, insiste de manera constante en la vida y en los más desfavorecidos de ella. En cambio, que yo sepa, prácticamente todas las apariciones acaban llevando a una espiritualidad pietista, hasta el extremo en muchos casos, cuyo objetivo último es rezar y hacer sacrificios, consistentes normalmente en privaciones personales, para conseguir muchas veces “un no sé qué” que suele aparecer muy poco claro.

Quisiera acabar con unas palabras que el papa Francisco dijo, si mal no recuerdo, un día en la misa que celebra en Santa Marta: «la Virgen no es la jefa de Correos que envía mensajes todos los días», poniendo con ello en guardia a los fieles ante supuestas visiones. Creo que la frase es acertada y no necesita más comentarios.