La Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, en la que 189 países acordaron la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing supuso un punto de inflexión en la agenda mundial de igualdad de género. Veinte años después, ONU Mujeres, la entidad de la ONU para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer, hace balance con el informe “El progreso de las mujeres en el mundo 2015-2016”. La conclusión no sorprende a nadie. El progreso ha sido “inaceptablemente lento, con esferas de estancamiento y regresión”. La Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, afirma que “la decepcionante brecha entre las normas y la implementación de la Plataforma de Acción de Beijing indica un fracaso colectivo de liderazgo respecto al progreso de las mujeres”.

En estas dos décadas se han registrado avances globales en el número de niñas matriculadas en primaria y secundaria, aunque por regiones la cosa es desigual y se observa que la calidad de la enseñanza que reciben es, con frecuencia, de menor calidad que la de los varones. La presencia de las mujeres ha crecido en algunos parlamentos nacionales, así como, en general, en el trabajo remunerado, aunque precisamente en los países considerados desarrollados la desigualdad ha aumentado en contexto de crisis económica. En algunas zonas, más mujeres han podido acceder a métodos anticonceptivos y han comenzado a disminuir prácticas como la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil, precoz y forzado.

El avance general en la aplicación de la Plataforma de Acción ha sido particularmente lento en el caso de las mujeres y las niñas, que sufren múltiples formas de discriminación. Las mujeres y las niñas pobres de zonas rurales y asentamientos urbanos pobres están en peor situación respecto a varios indica¬dores, como escolarización, mortalidad materna y acceso a servicios como agua y saneamiento. Las jóvenes corren un riesgo mucho mayor de contraer nuevas infecciones por VIH que los jóvenes. Los grupos de mujeres margina¬das, como las que tienen alguna discapacidad, las indígenas, las migrantes y las lesbianas, gays, bisexuales y trans corren un riesgo mayor de ser objeto de discrimi¬nación y violencia.

En todo caso, no hay ningún país que haya logrado la igualdad de género. Según la ONU, a este ritmo, tardaremos 81 años en lograr la paridad en cuanto a participación económica y unos 50 años para alcanzar la paridad en representación parlamentaria; según la Organización Internacional del Trabajo, para lograr una igual remuneración por trabajo de igual valor harán falta más de 75 años. Todo ello justifica que Mlambo-Ngcuka denunciara en la presentación del informe que “las y los líderes a los cuales se había encomendado el poder de hacer realidad las promesas expresadas en Beijing han fallado a las mujeres y las niñas”.

Igualdad sustantiva

20 años después de la conferencia de Beijing los derechos de las mujeres siguen sin cumplirse.

Día de la mujer, Castellón

Puede que el terreno normativo sea donde los cambios son más visibles. Un número considerable de países han ido eliminando elementos discriminatorios en las leyes y aprobando nuevas medidas para promover la igualdad entre los sexos y combatir la violencia contra las mujeres y las niñas. Además de desiguales, con frecuencia los avances no traspasan el papel, por obra y gracia de las normas sociales; es decir, lo que las sociedades consideran normal. “Incluso en los países donde se han instrumentado leyes sobre igualdad de género, las desigualdades de poder entre mujeres y hombres, así como los estereotipos de género y las normas sociales discriminatorias están profundamente arraigadas”, señala el informe.

Precisamente porque las medidas en pro de la igualdad de género se quedan a menudo en el papel de las leyes, el informe acuña el término de “igualdad sustantiva”. “Mientras que la igualdad formal se refiere a la adopción de leyes y políticas que traten a los hombres y las mujeres por igual, la igualdad sustantiva concierne a los resultados de dichas leyes y políticas para conseguir no que mantengan, sino que alivien la situación desfavorable de suyo que sufren ciertos grupos”. Es decir, que lo que dictan los textos legales se verifique en la vida de las mujeres y niñas reales, de carne y hueso, con nombre y cara, “teniendo en cuenta el grado de inclusión de las mujeres y niñas pobres y marginadas”. Yendo “más allá de los ‘promedios’ para comenzar a garantizar que todas las mujeres puedan disfrutar de sus derechos”. Derechos, concreta el texto, que “son indivisibles”.

Recuperar el poder y la voz

La llamada crisis ha venido a empeorar las cosas, puesto que las políticas de austeridad han trasladado a las familias el peso de las tareas de supervivencia y cuidados. Este peso, en la práctica, suele recaer sobre las mujeres. Y las medidas que se han tomado para mejorar la economía no acostumbran a tener esta perspectiva. “No todos los caminos que conducen al desarrollo económico –advierte el informe-impulsan la igualdad de género”.

La igualdad sustantiva exige, pues, medidas específicas que promuevan la igualdad en tres esferas interrelacionadas: “la corrección de la desventaja socioeconómica de las mujeres; la lucha contra los estereotipos, el estigma y la violencia y el fortalecimiento del poder de acción, la voz y la participación de las mujeres”. Lo primero requiere garantizar trabajo decente para las mujeres, políticas sociales con perspectiva de género y políticas macroeconómicas basadas en los derechos.

Los estereotipos, que asignan roles de género de manera rígida, son obstáculos a remover, tanto en el mercado laboral como en la vida cotidiana. Esta tarea corresponde a los responsables políticos (el informe señala diez prioridades para la intervención pública) y a la sociedad entera, pero es imposible sin que se recupere y consolide el poder y la voz colectiva de las mujeres, “un objetivo importante en sí mismo –subraya ONU Mujeres- y [que] también ha impulsado cambios en la legislación, las políticas y las prácticas que hacen posible la realización de los derechos”.