¿Qué valor tiene toda la cultura cuando la experiencia no nos conecta con ella?
Walter Benjamin

C. R. S.

Cada vez que le decía a alguien que estaba deseosa de visitar Irán, no solo me miraba con desconfianza e incredulidad, sino que siempre decían: “¡Tú estás loca!”. Sí, cierto; Irán está en Oriente Próximo y comparte ciertas características con los países de su entorno, pero la idea que tiene gran parte de la población sobre la República Islámica de Irán difiere bastante con la realidad. No estoy diciendo que allí la situación sea fácil –y menos para una mujer– pero, una vez que estás allí, tu perspectiva varía. Quizá no dé un giro de 180º, pero algunos de los prejuicios que tienes se rompen un poco. Como todo, depende de por dónde andes, con quién, a qué hora y sí, si eres mujer u hombre la vida será diferente.

El vuelo Madrid–Teherán –con escala en Estambul– dura aproximadamente diez horas. Cuando llegas a Turquía y aterrizas en el aeropuerto empiezas a ver y sentir ciertos contrastes, pero no es hasta que la azafata advierte de que ya estás próximo a tu destino cuando todo empieza a cambiar. Hasta que lo vives, no entiendes mucho la frase de “¡Comienza la metamorfosis!”, pero así es. Estás acercándote a un país que tiene unas leyes bastante estrictas y una de ellas se refiere al código de vestimenta. La mujer –sea ciudadana iraní, sea turista– ha de vestir según dichas normas, las cuales incluyen el uso del velo, o hiyab. No obstante, gran parte de las mujeres iraníes visten el “pañuelo” con la misma gracia, elegancia y maestría que Audrey Hepburn en Vacaciones en Roma. Nada que ver con la imagen de otras mujeres musulmanas que cumplen con el “ritual” para colocárselo.

En cualquier caso, si las mujeres están obligadas o no a utilizar esta u otras prendas no debe ser el detonante para analizar la situación de un país. Todo es un compendio de la situación social, política, geoestratégica, cultural y económica. Hay que entender la realidad valorándola en su conjunto. En este caso -y tratando de profundizar lo más posible- me centro en la situación de las mujeres persas, las mujeres iraníes.

Antes de visitar Irán –y mucho más al regresar– ya preveía que era un país muy complejo y que su sociedad iba a ser muy interesante. No obstante, en la actualidad, parece que el pasado les pesa todavía ya que, como dice el director de Política y Sociedad de Casa Asia, Rafael Bueno, “tuvieron un pasado tan esplendoroso que hay momentos en los que parece que quieren permanecer anclados a él y, por eso, no han sido capaces de adaptarse a la realidad”.

En ese contexto, la mujer ocupa un papel muy importante. Dentro del país, se da una dualidad, dos realidades conviviendo al unísono. El ámbito privado y el espacio público. “El entorno público está controlado por la religión, por lo que hay grandes limitaciones, mientras que en el privado se da un margen de libertad bastante grande”, subraya Bueno, enfatizando que ese margen “es mucho mayor del que se piensa desde fuera”.

De todas formas, la mujer iraní es un referente dentro del mundo musulmán. En una cara de la moneda, vemos que pueden conducir, pueden estudiar en la universidad y pueden alquilar una vivienda pero, en la otra, existe segregación entre sexos, no pueden ejercer todas las profesiones y deben tener cuidado con cómo se visten y cómo se maquillan. Al menos, eso dictan las normas. En al ámbito privado, continúa Bueno, “son mujeres que están bastante occidentalizadas, que incluso beben alcohol, escuchan música, etc.”.

A su vez, el periodista y politólogo Alberto Moreno, quien actualmente vive en Teherán, explica que su percepción es que las mujeres han aceptado una situación que no casa con su tradición. Una idea que se puede traducir como una “diferencia de mentalidad” entre diferentes zonas o ciudades del país.

Al respecto, el director puntualiza que hay “micromundos” en Teherán. Por un lado, está la clase media–alta característica del norte de la capital y, por otro, el sur, donde la realidad es totalmente diferente y la religión tiene “un peso mucho más fuerte”. Todo influye.

La activista iraní y directora ejecutiva de la ONG Justice for Iran, Shadi Sadr aseguró el pasado junio que las mujeres en Irán se sienten ciudadanas de segunda clase, tal y como recogió recientemente el diario El País. “El hombre tiene más derechos desde cualquier posición: como padre, como marido, incluso como hermano; existe un código de vestimenta muy estricto y el testimonio de una mujer vale la mitad que el de un hombre, por ejemplo”, comentó. Lo que dice es cierto. Totalmente verídico. Sin embargo -y por destacar algo positivo- “son un referente en la zona”, afirma Bueno. Evidentemente, queda mucho por hacer. Todo tiene su contexto. No se puede valorar su realidad con el prisma que se tiene en Europa o en Estados Unidos.

La sorpresa puede llegar si se le pregunta a una mujer: “¿Le gustaría volver a la época del Shá?, querría vivir de nuevo los años previos a la Revolución de 1979?”. “La mayoría responderían que no”, asevera el director. “Ahora tienen la obligación de llevar el pañuelo, pero en aquel entonces tenían la obligación de no utilizarlo”, explica, al tiempo que concluye diciendo que “toda imposición es negativa”.

Asimismo, Moreno expresa su punto de vista sobre este asunto e incide en que, para él, se da una “clara diferencia” entre las mujeres que vivieron los años previos y posteriores a la caída del Sha y las que ya no tuvieron conciencia de esa época.

Otro detalle a resaltar, volviendo al tema de los micromundos y del dualismo, es la gran cantidad de relaciones extramatrimoniales que hay, pese a ser ilegales. Para sufragar esa situación, existen los matrimonios concertados. Bien mirado, es una forma de encubrir la prostitución. “Gente joven que se puede casar por un periodo de dos meses y, de esta forma, no comete ningún pecado”, señala Bueno. Se trata del llamado documento de matrimonio temporal –sigheh–, “una fórmula utilizada por los iraníes para dar validez legal a sus relaciones extramatrimoniales”, como explicó la periodista Zahida Membrado en una información publicada en El Mundo. ¿Cinismo? Cuando menos, es sorprendente.

Y sí, como dice Bueno, queda mucho por hacer pero, ¿cuánto ha cambiado la vida en estos últimos años? Moreno recalca que, mientras que Mahmud Ahmadineyad –presidente desde 2005 hasta 2013– no asumió ciertas realidades, el actual dirigente, Hasan Rohani, es “más pragmático y asume que la población no tiene por qué pensar como el régimen”. Pequeños avances que tienen que seguir sumando.