Como cada año, el WorldWatch Institute, el “laboratorio de ideas” estadounidense más importante y prestigioso en temas medioambientales, ha publicado su informe sobre la Situación del Mundo 2015, que en esta edición se titula Un mundo frágil. Hacer frente a las amenazas a la sostenibilidad. La edición en castellano –España y Latinoamérica– corre a cargo de FUHEM Ecosocial, coordinada por José Bellver y que incluye un apéndice de Nuria del Viso sobre ‘Contradicciones en los límites: la intensificación contemporánea de los conflictos socioecológicos’. Ambos son investigadores de la citada fundación.

Ante el planteamiento un poco jocoso de que el pasado verano todo el mundo parecía hablar del cambio climático, dado el sofocante calor que hubo que soportar, José Bellver deja bien claro que “vivimos una situación de fragilidad en este mundo, en la medida que existen claras evidencias científicas de que hemos superado con creces en distintos aspecto muchos de los límites biofísicos del planeta y esto está poniendo en peligro la sostenibilidad de nuestros estilos de vida y nuestra civilización en este planeta tal como lo conocemos hoy”.

Nuria del Viso y José Bellver, investigadores de FUHEM EcosocialEn el informe Situación del Mundo 2015 se resaltan como problemas emergentes, entre otros y desde distintas ópticas, el crecimiento, la degradación de los océanos, el deshielo del Ártico, las enfermedades de origen animal, las migraciones, las pérdidas crecientes de recursos agrícolas o la energía.

Relacionados con estos tres últimos, por ejemplo, están los conflictos socioecológicos, que para Nuria del Viso “representan un peligro real que ya se manifiesta en múltiples espacios locales y globales, en el Norte y en el Sur, amenazando la cohesión social por cuestiones distributivas de los recurso naturales”. Estas situaciones se dan especialmente en América Latina y África con las extracciones mineras y petroleras (sin olvidar el fracking), el acaparamiento de tierras, las expulsiones, el derecho al agua, las plantaciones agroindustriales, el vertido de residuos, el transporte y procesado de materiales… Según la investigadora del FUHEM, todo ello y más “produce el desplazamiento de grandes poblaciones, con lo que ello supone de desestructuración de sociedades, de pérdida de conocimientos tradicionales, como el manejo del agua o los cultivos. Toda esta gente acaba en los cinturones de las megaciudades, en las villas-miseria, con lo que implica de pobreza, falta de salubridad, enfermedades, violencia…”.

Resolver la situación

A estas alturas del siglo XXI parece que ya no hay demasiado negacionistas sobre la fragilidad de nuestro planeta. Para José Bellver el debate ahora está en ver como se puede resolver estar situación. “Creo que hay un cierto pesimismo en mucha gente –manifiesta Bellver-, pero también existe en otra mucha una visión de que los problemas están interrelacionados (pobreza, injusticia social…) y reivindican una creciente voluntad de cambio frente a este modelo que genera problemas económicos y sociales”. En este sentido, Nuria del Viso destaca “el surgimiento con fuerza, especialmente en las sociedades campesinas, de relatos alternativos como el de la ‘buena vida’, mirando hacia un cambio de modelo de sociedad”.[quote_right]Hemos superado con creces en distintos aspecto muchos de los límites biofísicos del planeta[/quote_right]

Quizá la pregunta obligada es: ¿cómo se puede reconducir esta situación? Y la respuesta más inmediata es: transitar hacia sociedades ecológicamente más sostenibles y socialmente más justas. Bien, pero para José Bellver “es necesario establecer cuatro principios, que son la renovabilidad y los cierres de ciclos de materiales, la suficiencia, la justicia social y la democracia. Aterrizándolo más diría que sabemos hacer muchas cosas en distintos ámbitos, desde el cambio en el comportamiento de las personas hasta cambiar el modelo energético, pasando por pasar de una agricultura industrial a una agroecológica. Ahora lo que necesitamos es tener las herramientas para hacer ese cambio, que no sólo es institucional y político, sino también otros que se pueden llevar a cabo a escala de lo colectivo con iniciativas como la economía solidaria”.

Nuria del Viso añade que “necesitamos un cambio de valores e imaginarios bastante impactantes, porque actualmente en el centro de lo que llamamos nuestro sentido común está el crecimiento, la sociedad de consumo y el individualismo. Tenemos que incorporar valores más colectivos si queremos transitar hacia otro modelo.

Nuria del Viso y José Bellver, investigadores de FUHEM EcosocialSobre la encíclica Laudato si’ del papa Francisco, que lleva como subtítulo “Sobre el cuidado de la casa común”, ambos investigadores resaltan que se trata de “un espaldarazo al movimiento ecologista”. Para Nuria “es muy importante un documento de este tipo porque pone sobre la mesa y en debate público la cuestión del cambio climático y algo tan importante como que se cuestione el modelo económico y que se vincule éste a la situación de injusticias sociales en estos momentos se extienden por todo el mundo”. Cree además que “esto facilita la labor de los grupos y colectivos que llevan trabajando sobre estos temas mucho tiempo”.

Algunas discrepancias

José por su parte reconoce que hay una relación directa entre lo que dice la encíclica y lo que llevan planteando desde hace décadas académicos, científicos y movimientos ecologistas, pero señala que “también hay elementos de discrepancias, ya que no entra, por ejemplo, en la relevancia que en estos problemas puede tener el aumento de la población o en el asunto de que además de seres ecodependientes también somos seres interdependientes, en tanto en cuanto estamos encarnados en cuerpos que son vulnerables, que dependemos del trabajo de otras personas para poder vivir”.

[quote_left]Necesitamos un cambio de valores e imaginarios bastante impactantes[/quote_left]Cuando antes de terminar la entrevista planteo el tema de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático 2015 (COP21), que se celebra en París del 20 de noviembre al 11 de diciembre, la respuesta espontánea es una leve sonrisa en las caras de mis interlocutores, la cual lo dice todo. Pero José Bellver apostilla que “las esperanzas de que esta reunión suponga un cambio relevante son pocas, puesto que los cambios que se requieren son muy fuertes y en estos momentos no estamos en la línea de reestructurar el aparato productivo”.

Mucho nos tememos que las buenas intenciones para mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC, que es el principal objetivo de COP21, va a quedar una vez más en papel mojado. Esto nos suena, ¿no?